¿DE VERDAD SABEMOS QUÉ ES LA HOMEOPATÍA?

Están apareciendo en estos últimos meses numerosos artículos, reportajes y noticias en los principales medios de comunicación acerca de la homeopatía. La mayoría son para rechazarla y criticar a quienes la ejercen o la consumen, afirmando que no tiene ningún efecto terapéutico más que el propio del efecto placebo. Es decir que, para estos críticos, en el peor de los casos la homeopatía no produce ningún efecto en el enfermo, y por tanto ningún daño. Es curioso, porque ¡nunca había presenciado un ataque tan feroz y con una difusión en los medios tan masiva contra algo que no produce ningún daño!

Sin embargo, la realidad nos muestra también opiniones a favor, y en primer lugar la de los miles de consumidores que comprueban en sí mismos la eficacia de esta terapia. Pero también están apareciendo periodistas y médicos, documentados y bien formados e informados, que la defienden o simplemente que defienden el derecho del ciudadano a elegir cómo y con quién quiere tratarse. E incluso en alguna digna y rara ocasión se ha dado difusión a estas opiniones favorables en algún medio de comunicación generalista, aunque de una manera muchísimo más discreta, lamentablemente.

Sin embargo, la homeopatía sigue siendo una gran desconocida para el ciudadano en general. Si bien se ha oído hablar de ella y es fácil encontrarla cada vez en más farmacias, sobre todo en las grandes ciudades, es cierto que muchos de sus consumidores desconocen los principios en los que se basa, pero comprueban que les funciona y con eso es suficiente. No ocurre lo mismo en las zonas rurales, e incluso pequeñas capitales de provincia, donde a menudo me encuentro con personas que desconocen completamente no ya qué es, sino la mera existencia de la homeopatía.

Siendo esto un hecho, la pregunta inevitable es: ¿cómo podría un ciudadano elegir libremente cómo tratarse si desconoce siquiera las diferentes alternativas existentes? Desde luego no parece que pueda haber mucha libertad de elección, si no te informan de las alternativas que tienes.

En los mensajes de quienes critican la homeopatía, y las terapias alternativas, siempre se escucha la justificación de que lo hacen para proteger la salud de las personas y que no sean engañadas con falsas esperanzas. Pero yo me pregunto ¿acaso cuando a una persona le diagnostican que no hay tratamiento para su enfermedad debe resignarse y asumirlo? ¿acaso no tiene derecho a buscar alternativas y segundas opiniones, incluso fuera de la medicina alopática “oficial”? ¿Dónde está aquí el deseo de proteger la salud de la persona? O cuando a un paciente de cáncer le comunican que se ha hecho todo lo que se ha podido, pero que lamentablemente no ha sido posible su curación y que ya se encuentra en fase terminal y le queda poco tiempo de vida, ¿quiénes somos para quitarle a esa persona su derecho a luchar por su vida? ¿y si antes de llegar a ese punto el paciente decide optar por otra vía, con qué derecho pretendemos obligarle a no hacerlo?

Ante estas cuestiones, a nivel particular, me planteo si será que el título de médico en este país te otorga el poder de juzgar quién puede luchar por su vida y quién no, porque a tenor de lo que se está escuchando por parte de los colegios de médicos parecería que sí. Y en aquellos casos en que el paciente quiere luchar, ¿quién le da la autoridad al médico para restringir al paciente qué armas puede utilizar y cuáles no? En mi opinión la autoridad la otorga el conocimiento de la materia sobre la que se está tratando y en cuestión de medicina, sin duda alguna, la máxima autoridad la tiene el cuerpo médico. Pero claro, actualmente está tan especializada la medicina, que hay que contar con la opinión de los expertos en cada una de las materias para poder encontrar voces autorizadas. No me imagino a un traumatólogo desaprobando la neurología, o a un cardiólogo criticando la labor de un odontólogo. Más bien un neurólogo podrá juzgar si una práctica neurológica es correcta o no, o un traumatólogo sobre prácticas de traumatología, pero sin conocer en profundidad la materia sobre la que se estamos hablando nadie con ética profesional juzgaría de una manera tan vehemente.

Ante esto parece claro aquello de “zapatero a tus zapatos”, neurólogo a tus neuronas, o más general…  alópata a tu medicina alopática, y homeópata a tu homeopatía. ¿No parece de lógica?

¿Por qué entonces se está generando tanta crítica, y tan dura, contra la homeopatía por parte de médicos que nos son especialistas en homeopatía?  Incluso se está viendo esta crítica agresiva por parte de personas sin estudios de medicina. Para juzgar hay que conocer en profundidad aquello de lo que ese está hablando, y desde luego contrastarlo con hechos.

Todo parecería una estrategia dirigida con algún fin ¿comercial?, porque una cosa es que aparezca un artículo de opinión por aquí, una noticia por allá, o algún reportaje a favor o en contra, pero de manera espontánea, aislada y espaciada en el tiempo. Pero que en tan poco tiempo se esté difundiendo tanta mala prensa, noticias televisivas, acciones de denuncia de los colegios de médicos de manera organizada y coordinada, que de repente y sin previo aviso se eliminen especialidades de homeopatía en las universidades y cursos de postgrado… todo eso solo se genera cuando hay una estrategia definida, enfocada y en ejecución. Y desde luego alguien tiene que haberla lanzado, aunque en estos momentos y en este artículo indagar en el quién me parece secundario.

Lo prioritario para mí es recuperar la cordura, el sentido común y la ética. ¿Es normal que se desarrolle una estrategia de este calado en un estado constitucional, democrático y defensor de la libertad de sus ciudadanos? Desde luego no debería serlo, y no digo que sea una campaña dirigida desde el estado, no me malinterpreten, pero sí que el estado, como garante último de la libertad de sus ciudadanos y del interés general, debería intervenir y arbitrar en esta campaña para que las personas dispongan de una información veraz y lo más completa posible para actuar en consecuencia.

 

Las personas deben tener libertad de elección, en un estado democrático y de derecho así está establecido, y para ello deben estar bien informadas y por supuesto mínimamente formadas. Porque sin formación, por mucha información que tengas, es posible que no sepas valorar por ti mismo. Y aquí interviene el estado, como garante, para establecer una enseñanza mínima obligatoria, y con ella que la persona pueda recoger y manejar toda la información que necesite de todo aquello que le afecte y competa, decidir por si misma y manejarse de forma autónoma en el día a día.

Me he tomado la licencia de comentar lo de la formación obligatoria en relación a la labor que debe tener el estado ante un tema de interés general, para garantizar que la información llegue de forma transparente al ciudadano y éste pueda decidir en consecuencia, sin necesidad de prohibir ni obligar a la persona a hacer una cosa u otra, sino dándole información, las habilidades para manejar esa información, discernir por él mismo y que haya libre elección.

Y pongamos un ejemplo claro de un sector económico con intereses contrarios a la salud pública donde el gobierno en lugar de prohibir, interviene; el tabaco.

Hoy en día todo el mundo sabe que el tabaco perjudica la salud:  los gobernantes, los médicos, los ciudadanos e incluso los fabricantes de tabaco. Sin embargo, nadie ha prohibido a las personas fumar, que yo sepa, en ningún lugar de mundo; ¡y estamos hablando de algo que se ha demostrado que perjudica grave e inevitablemente la salud!

Hubo un momento en la historia en que algunos ciudadanos, en EEUU, se levantaron contra los fabricantes de tabaco y denunciaron ante los tribunales a las compañías tabaqueras por el daño irreparable que el tabaco había hecho en su salud o la de sus familiares. Los tribunales obviamente les dieron la razón y se establecieron indemnizaciones billonarias contra los fabricantes de tabaco. Pero esto lo menciono por una sola razón, esos juicios se ganaron porque los ciudadanos no habían sido “informados” de los riesgos de fumar.

Esa fue la clave del triunfo de esos juicios, la no información previa al consumidor para que él pudiera elegir libremente. Sin embargo, y a pesar de esa condena, se sigue fabricando y vendiendo tabaco, y los gobiernos ingresando pingües beneficios, vía impuestos, para costear la asistencia sanitaria a los fumadores, que es inevitable, y podríamos seguir tirando de la cadena de beneficios hablando de los medicamentos que se fabrican para los tratamientos contra las patologías por tabaquismo, cáncer, y seguir nombrando eslabones que se benefician, pero creo que no es necesario, que está clara la idea que quería transmitir.

Los gobiernos intervinieron en este asunto y lo zanjaron de una manera muy clara, ¡con información al ciudadano! Ahora, hoy en día, no hay una cajetilla de tabaco donde no se pueda leer de manera inconfundible que el tabaco mata.  Y es el consumidor, luego, con esa información quien es libre de elegir si quiere fumar o no, por supuesto respetando a quien elija lo contrario.

¡Jamás he visto a los colegios de médicos alzar la voz para criticar que se permita fumar y fabricar tabaco! ¡Pero sí lo hacen contra algo que según ellos no hace nada a quien lo toma!

¿Alguien le ve el sentido a esto?

Por eso he titulado este artículo con una pregunta, ¿sabemos de verdad qué es la homeopatía? Y solo ha sido esa pregunta porque hubiera sido muy larga continuar como me hubiera gustado, ¿tenemos tanto conocimiento de ella como para denigrarla, querer abolirla, insultar a quien la consume e incluso a los médicos y homeópatas que, estando bien formados y con intachable vocación, la ejercen?

¿No les parece que es el momento oportuno e improrrogable para que el gobierno intervenga y cree un entorno definido, acotado, integrativo y con presencia multidisciplinar para estudiar bien, en profundidad, qué está sucediendo en el sector de la salud con la terapias alternativas y muy en particular con la homeopatía; promover y financiar estudios e investigaciones científicas para documentar de una manera objetiva las bonanzas de cada una de las terapias alternativas de las que  tenemos evidencias claras de innumerables casos de éxito; homologar los estudios de cada una de esas terapias que se muestren eficaces en esos estudios objetivos, para que los profesionales a los que acudamos nos ofrezcan las máximas garantías; legislar en consecuencia para que la información llegue completa y transparente al ciudadano, tenga libertad de elección y la misma cobertura sanitaria independientemente de la vía  que elija para su tratamiento?

Ahí dejo la cuestión, que no me parece baladí, con el deseo que haber puesto algo de apertura en la conciencia de cada uno y que esta situación de ataque incoherente y sin sentido se transforme en un cuestionamiento saludable, que abra la puerta a un avance en la línea de la integración de las diferentes alternativas, que permita ganar conocimiento a los profesionales, información y confianza a los ciudadanos, apertura en el sistema de salud y una mejora en el bienestar y la armonía social y la calidad de vida de las personas.

Desde la homeopatía que nos enseñó Hahnemann esa es la vocación y el objetivo final, la plena libertad del ser humano para poder llevar a cabo los fines más altos que se proponga.

Y a los que hayan respondido a la pregunta del título con un “no”, les emplazo a ir profundizando en la homeopatía poco a poco en las próximas ocasiones.

 

 

Junio 2017, Ricardo Vázquez

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